Compañías
Escribe sus muertes, muchas, amables y tortuosas. Hasta que termina caminando en osamentas por la calle. Cuando ya ninguna le quede, buscará la propia, la consumira como licor derramado en tinta. Anaelí mira rapidamente a su izquierda, quiere verla allí con sus ojos encendidos. Es lo único que le pertenece. Camina tras su soledad.
Recuerda sus muchas alegrías absolutas, felicidades pasajeras y totales. Es gracias a su ingenuidad bobalicona, escondida bajo esa belleza letal de arpia mal engendrada.
Anaelí la ve y sabe que poseera a la dama fiel tras su hombro, antes que ella venga y pose la mano sobre sus raídos huesos.