Espejos
Anaelí se pregunta y reflexiona, dentro de su soledad inminente. Todos se han convertido en libros; ella es la estrella de su teatro vacío. Quiere saber cuanto toma dar un paso sin que una de tantas voces cavile. Vive muerta y quintuplégica.Anaelí se masturba frente al espejo recordando las miradas deseosas e insinuantes de los hombres, sabe que sería delirante para ellos verla allí desnuda con la cadera asomando sus huesos, llamando a todas esas manos muertas.
Observa a noventa kilometros por hora, por una senda que pudo haber sido un río cruzando el continente. Se tranquiliza pensando que vuelve a su reino, con la corona llena de zafiros. Vuelve a preguntarse, quién es el monstruo.
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